En su misión de proclamar la Verdad del Evangelio y la autoridad de la Escritura, así como de proveer un modelo bíblico a la comunidad que servimos, en el SEMTA nos regimos por el presente estatuto doctrinal…


1. Las Sagradas Escrituras

Creemos que las Sagradas Escrituras, los 66 libros del Antiguo y Nuevo Testamentos que conforman la Biblia, son la Palabra de Verdad (Juan 17:17), verbalmente inspirada por Dios y, en consecuencia, libre de error tal como originalmente fue dada por Él (2 Pedro 1:20-21). Creemos que, en su conjunto, las Sagradas Escrituras son suficientes como la única e infalible regla de fe y práctica para todo creyente, pues son útiles para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (2 Timoteo 3:16-17).

 

2. El Único y Trino Dios

Creemos en el Único Dios verdadero (Deuteronomio 6:4; Marcos 12:29), Creador de los cielos y la tierra (Génesis 1:1), quien es soberano (Salmo 135:6), eterno (Deuteronomio 33:27), infinito (Salmo 147:5), santo (Isaías 6:3; Apocalipsis 4:8) y perfecto (Salmo 18:30), quien se ha revelado en tres Personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Mateo 28:19; Juan 5:26; 2 Corintios 13:14).

 

3. El Señor Jesucristo

Creemos en el Señor Jesucristo, Segunda Persona del Dios Trino, la Palabra eterna (Juan 1:1) y el Hijo Unigénito de Dios Padre (Juan 3:16), nuestro Salvador (Tito 2:13) y único mediador entre el Padre y los hombres (1 Timoteo 2:5); quien, sin ningún cambio en la esencia de Su persona divina (Hebreos 13:8), se hizo hombre por el milagro del nacimiento virginal (Juan 1:14; Mateo 1:23) y, en consecuencia, se mantuvo como Dios y hombre (Colosenses 2:9; Apocalipsis 22:16).

Creemos que, como hombre, Jesucristo fue tentado en todo pero sin cometer pecado alguno (Hebreos 4:15; Juan 8:46).

Creemos que, como el Cordero perfecto de Dios, Jesucristo se dio a sí mismo en muerte de Cruz, cargando ahí el pecado del mundo y sufriendo la pena completa de la ira divina en nuestro lugar (Isaías 53:5-6; Mateo 20:28; Gálatas 3:13; Juan 1:29); venció a la muerte al resucitar y fue glorificado en el mismo cuerpo en el cual sufrió y murió (Lucas 24:36-43; Juan 20:25-28).

Creemos que, como nuestro gran Sumo Sacerdote (Hebreos 4:14), Jesucristo ascendió a los cielos para presentarse ante Dios como nuestro abogado e intercesor (Hebreos 9:24; 1 Juan 2:1).

 

4. La Creación y la Caída del Hombre

Creemos en la creación y en la caída del hombre; que el hombre fue la creación directa de Dios, en espíritu, alma y cuerpo, y en ningún sentido producto de un ancestro animal, sino que fue hecho a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26-28; 2:7, 18-24; Mateo 19:4; 1 Tesalonicenses 5:23); pero que por desobediencia a la voluntad revelada de Dios, el hombre pecó (Génesis 3:1-24; 5:3). Creemos que los seres humanos son universalmente pecadores (Efesios 2:3; Romanos 3:23; 5:12), están separados de la vida y la familia de Dios (Efesios 4:18; Juan 8:42-44), bajo el justo juicio e ira de Dios (Romanos 3:19; 1:18) y no poseen, en ellos mismos, los medios necesarios para la salvación (Marcos 7:21-23; Mateo 19:26; Romanos 7:18).

 

5. Salvación por Gracia por Fe

Creemos en la salvación por gracia por fe, el regalo gratuito de Dios (Romanos 3:24; 6:23) y la mayor muestra de amor de Dios (Juan 3:16; Romanos 5:8), la cual no puede ser merecida por virtud u obra alguna de quien la recibe (Tito 3:5; Romanos 4:4-5; 11:16), sino que es recibida solo por fe personal en el Señor Jesucristo (Juan 3:16; 6:28-29; Hechos 16:30-31; Efesios 2:8-9) y la aceptación de Jesucristo resucitado como Señor y Salvador, ya que fuera de Él no hay salvación (Juan 14:6; Hechos 4:12).

 

6. El Espíritu Santo

Creemos en el Espíritu Santo, la Tercer Persona del Dios Trino (Mateo 28:19; Hechos 5:3-4), el agente divino en la naturaleza, la revelación y la redención (Génesis 1:2; Salmo 104:30; 1 Corintios 2:10; 2 Corintios 3:18); que convence al mundo de pecado (Juan 16:8-11), regenera a quienes creen (Juan 3:5), y mora, bautiza, sella, fortalece, guía, enseña y santifica a todos los que se convierten en hijos de Dios a través de Cristo (1 Corintios 6:19; 12:13; Efesios 4:30; 3:16; Romanos 8:14; Juan 14:26; 1 Corintios 6:11).

 

7. Los Dones Espirituales

Creemos en una diversidad de dones repartidos a los creyentes por el Espíritu Santo conforme Él quiere (1 Corintios 12:4-11, 28-31), los cuales deben ser ejercidos en amor (1 Corintios 12:31-13:2), bajo un orden (1 Corintios 14:6-33) y con el único propósito de edificar a la Iglesia de Cristo (1 Corintios 14:3-5, 12, 17, 26). En el caso particular del don de lenguas, creemos que este requiere necesariamente de interpretación para que haya entendimiento, pues de lo contrario no será de provecho para la Iglesia (1 Corintios 14:5, 13-14, 27-28). Así mismo, creemos que los dones de señales no son la evidencia del bautismo ni la llenura del Espíritu Santo, sino una manifestación del poder de Dios para que más personas crean en Él (Joel 2:28-32; Hechos 1:8; 2:1-41).

 

8. La Vida Justa, las Buenas Obras y el Evangelismo

Creemos en la vida justa y las buenas obras, no como el medio para obtener salvación, sino como su adecuada evidencia y fruto (1 Juan 3:9-11; 4:19; 5:4; Efesios 2:8-10; Tito 2:14; Mateo 7:16-18; 1 Corintios 15:10). En consecuencia, creemos que como cristianos debemos guardar la Palabra de nuestro Señor (Juan 14:23), buscar las cosas de arriba (Colosenses 3:1), andar como Él anduvo (1 Juan 2:6), procurar mantener las buenas obras (Tito 3:8) y especialmente aceptar, como nuestra responsabilidad solemne, la tarea y el privilegio de llevar el Evangelio a un mundo perdido, de tal forma que llevemos mucho fruto (Hechos 1:8; 2 Corintios 5:19; Juan 15:16); recordando que una vida cristiana victoriosa y fructífera solo es posible para aquellos que han aprendido que ellos ya no están bajo la ley sino bajo la gracia (Romanos 6:14) y que, en gratitud por las misericordias infinitas e inmerecidas de Dios, así mismos se han presentado completamente a Él para Su servicio (Romanos 12:1-2).

 

9. La Iglesia de Cristo

Creemos en la Iglesia, el Cuerpo místico y la Esposa de Jesucristo (1 Corintios 12:12, 27; Efesios 4:4; 5:25-32). Así, creemos que los miembros del Cuerpo espiritual deben reunirse en iglesias locales para adorar, orar, tener comunión, ser edificados, enseñar, evangelizar y observar las ordenanzas de nuestro Señor Jesucristo (Hebreos 10:25; Hechos 1:8; 2:41-47; 1 Timoteo 3:1-13; 5:17-19; 2 Timoteo 2:2; Tito 1:5-7).

 

10. Las Ordenanzas de Jesucristo

Creemos que Jesucristo dejó dos claras ordenanzas para Su Iglesia: ser bautizados en agua y participar de la Cena del Señor.

Creemos que el bautismo no es un método para obtener salvación, sino un acto de obediencia a Dios que significa y simboliza la muerte y entierro del creyente en la muerte y entierro de Jesucristo – al ser totalmente inmerso en agua – y la resurrección del creyente con la resurrección de Jesucristo – al salir del agua (Mateo 3:13-17; 28:18-20; Hechos 2:41; 8:36-39; 16:33; Romanos 6:3-5; Colosenses 2:12).

Creemos que nuestro Señor Jesucristo también nos instruyó a participar del pan y la copa, los cuales significan y simbolizan Su cuerpo partido y Su sangre derramada en la Cruz; que la Cena del Señor no es un mérito para recibir vida eterna, sino un acto de obediencia de cada creyente para conmemorar la muerte sacrificial de Jesucristo y celebrar la anticipación de la Cena Mesiánica que tendrá lugar cuando Él regrese, conmemoración que seguiremos haciendo hasta que eso suceda (Mateo 26:26-30; Marcos 14:25; Hechos 2:42; 1 Corintios 10:16-17; 11:17-31).

 

11. Satanás y los Demonios

Creemos en la existencia de Satanás como un ser creado por Dios que se rebeló contra su Creador (Ezequiel 28:11-19; Isaías 14:13-14; 1 Timoteo 3:7), volviéndose absolutamente depravado en carácter (Juan 8:44), el gran adversario de Dios y Su pueblo (Mateo 4:1-11; Apocalipsis 12:10), el líder de todo ángel y espíritu maligno (Mateo 12:24-26; 25:41), el engañador y dios del mundo presente (Apocalipsis 12:9; 2 Corintios 4:4). Creemos que los poderes de Satanás son sobrenaturalmente grandes, pero estrictamente limitados por la voluntad permisiva de Dios, quien tiene la potestad para anular todos sus mecanismos malignos para bien (Job 1:1-22; Lucas 22:31-32). Así mismo, creemos que Satanás fue derrotado y juzgado en la Cruz y, en consecuencia, tiene una sentencia final cierta (Juan 12:31-32; 16:11; Apocalipsis 10:10). Creemos que como creyentes somos capaces de resistirlo y vencerlo solamente con la armadura de Dios y por la Sangre del Cordero (Efesios 6:12-18; Apocalipsis 12:11).

 

12. Vida y Muerte Eterna

Creemos que el regalo de Dios es vida eterna por medio de Jesucristo (Romanos 6:23) para todo aquel que cree en Él (Juan 3:14-17, 36; 1 Juan 5:13), una vida que se gozará en el cielo, donde ya no habrá llanto, ni muerte ni más dolor (Apocalipsis 21:1-4). Sin embargo, ya que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23), los que no creen – en el sacrificio expiatorio de Jesucristo en la Cruz del Calvario (Juan 3:14) – son condenados (Juan 3:18-19) y merecedores de la ira de Dios (Juan 3:36). Los que no creen, tampoco conocen a Dios ni le obedecen, los cuales sufrirán pena de eterna perdición y serán excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder (2 Tesalonicenses 1:6-10), enviados al fuego eterno originalmente preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo 25:41), también conocido como infierno (Mateo 10:28; Marcos 9:45), fuego inextinguible (Marcos 9:43-46; Lucas 3:17), el lago de fuego y azufre o la muerte segunda (Apocalipsis 20:14-15; 21:8).

 

13. La Segunda Venida

Creemos en la segunda venida de Cristo; que Su regreso del cielo será visible y glorioso, una esperanza bendita por la que deberíamos esperar y orar constantemente, un tiempo no revelado – pues nadie sabe la fecha u hora exacta de su venida – pero siempre inminente (Hechos 1:11; Apocalipsis 1:7; Marcos 13:33-37; Tito 2:11-13; Apocalipsis 22:20).

 

14. El Gobierno Civil

Creemos que el gobierno civil es instituido por Dios para castigar el mal, recompensar el bien y mantener el orden dentro de la sociedad. Por tanto, los cristianos deben ser buenos ciudadanos, orar por aquellos en autoridad (2 Timoteo 2:1-2), honrarlos y obedecerlos (Mateo 22:21; Romanos 13:1-7) en todo lo que no esté en directa oposición a las enseñanzas de Dios y Su Palabra.

 

Última actualización: 22 de junio de 2017